Vuelos a Zurich la ciudad más poblada de Suiza posee
la reputación de ser la capital intelectual y cultural
de la nación. Su estallido de creatividad más
conocido se produjo en 1916, cuando emergió el movimiento
artístico Dadá en el cabaret Voltaire.
Curiosamente, en la misma época Lenin y Trotsky
residían también en la urbe. En la actualidad,
es más conocida por sus ejecutivos con trajes a rayas,
sus galerías de arte y su capacidad por combinar
mejor que nadie las finanzas y la estética (con la
excepción de Sothebys).
Aeropuerto
de Zúrich. Hay vuelos directos y no vale la pena
pagar la carrera en un taxi para ir al aeropuerto. Hay trenes
directos cada poco que sólo tardan 10 minutos.
El medio de transporte ideal en esta pequeña ciudad
de 360.000 habitantes, aparte de las piernas, es el tranvía.
Es rápido, limpio, silencioso y tiene calefacción
en los asientos en invierno. En las oficinas de turismo
se pueden adquirir a buen precio pases, para uno o varios
días, que sirven para todo tipo de transporte, incluidos
tren y barco.
Está emplazada a unos 400 m sobre el nivel del mar,
atravesada por el río Limmat, que desemboca en el
extremo norte del lago de Zúrich. Las calles peatonales
de la ciudad vieja contienen la mayor parte de sus atractivos
turísticos: sinuosas callejuelas, edificios de los
siglos XVI y XVII, palacetes y patios, así como infinidad
de fuentes (cerca de mil treinta).
La elegante Bahnhofstrasse se construyó en el emplazamiento
de las murallas de la ciudad, que habían sido derribadas
150 años antes. Bajo las aceras se hallan las cámaras
acorazadas de los bancos, atiborradas de oro, plata y otros
botines, aunque no están abiertas al público
(y no resulta difícil imaginar la razón).
Para los amantes de los relojes, la torre de la iglesia
de San Pedro, del siglo XIII, presenta la mayor esfera de
reloj de Europa. La vecina iglesia de Fraumünster se
caracteriza por las vidrieras de los ventanales de su coro,
creadas por Marc Chagall cuando contaba 83 años de
edad.
El Museo de Bellas Artes posee una amplia colección
permanente que incluye desde arte religioso del siglo XV
hasta obras de Monet, Manet y Man Ray.
El Museo Nacional Suizo, ubicado en un castillo al norte
de la urbe, ofrece un detallado panorama de la historia
de la nación y presenta una interesante sección
de códices de la Edad Media.
Para airearse después de las visitas culturales,
resulta muy agradable pasear por las orillas del lago de
Zúrich, que permite hacer picnic y practicar la natación
y los baños de sol.
Zúrich puede resultar una ciudad extraordinariamente
atractiva. Pequeña, rodeada de bosques y colinas,
vive abrazada a un hermoso lago y dividida por un río
que parte en dos mitades la antigua villa medieval.
En el corazón de ese barrio se encuentra uno de
los establecimientos de más solera, Schober (Napfgasse,
4), un pequeño y abigarrado café que desde
1837 es el favorito de los zuriqueses. Sus desayunos son
insuperables. Se sugiere un chocolate con kirsch y un pedazo
de tarta de cerezas para empezar el día.
A poco de salir del local, uno se topa de frente con dos
grandes banderas rojigualdas que cuelgan verticalmente desde
lo alto de un edificio con carácter: es la Bodega
Española (Münstergasse, 15), un popular restaurante
establecido en 1892 que cuenta con más de 32.000
botellas de excelentes caldos españoles, algunos
de los cuales datan de 1928.
Vale la pena dedicar un par de horas a perderse por las
callejuelas perfectamente conservadas de este lado del río.
Aquí y allá se elevan orgullosas algunas torres,
antiguas casas de ricos. De pronto, una calle pierde su
alineamiento y se ensancha en una suerte de plaza donde
antiguamente se establecían los distintos mercados:
bovino, porcino, hortalizas y quesos, especias, etcétera.
Hoy día cada puerta es una tienda con estilo. Se
puede encontrar de todo, excepto cosas baratas. Se recomienda
limitarse a mirar los escaparates.
Fuera de la ciudad medieval, pero no lejos, se encuentra
una calle residencial flanqueada de villas y jardines. En
una de las casas, como el que no quiere la cosa, puede admirarse
una de las más extraordinarias colecciones privadas
de arte del mundo. Se trata de la Fundación Bührle
(Zollikerstrasse, 172).
Ocupando los antiguos salones de la que fuera su residencia,
cuelgan cuadros de Monet, Manet, Van Gogh, Goya, Picasso,
Modigliani, Renoir, Sisley... Imprescindible echar un par
de horas, como mínimo, ante cuadros sublimes que
casi pueden tocarse con la mano.
Otra visita obligada es la Fraumünster, un antiguo
convento de monjas, en la parte occidental del río,
cuya primera abadesa fue biznieta de Carlos V. Tras la Reforma
de Zwingli ("ora et labora") en el siglo XVI,
todos los cuadros e imágenes de la iglesia desaparecieron
pero, en cambio, ahora pueden admirarse unas magníficas
vidrieras de Marc Chagall.
Justo detrás de la iglesia se encuentra Strozzi's
(Fraumünsterstrasse, 25), uno de los cafés de
moda de la ciudad. Es el lugar ideal para tomar un aperitivo,
ver y dejarse ver ante un público ligeramente pijo.
Los albergues están ubicados en el perímetro
del centro urbano, mientras que los escasos hoteles baratos
se hallan en la orilla este del río Limmat. El alojamiento
puede representar un problema durante los meses estivales,
por lo que es aconsejable reservar con antelación.
La vida nocturna se focaliza en las calles que rodean la
Niederdorfstrasse; también existe un distrito especialmente
alegre.
El viajero no debe alarmarse si, al salir de un club el
domingo por la mañana con los ojos nublados, se tropieza
con una procesión de devotos feligreses que desfilan
cantando himnos por las calles embrutecidas por el pecado.
La cena no ofrece duda: será en Haufleuten (Pelikanplatz),
sin salir del barrio antiguo. No olvide reservar con tiempo.
Este restaurante de lo más in no le deslumbrará
por su aspecto, pero tiene ambiente y puede prolongarse
la velada con música y copas en su bar hasta las
cuatro de la madrugada.
Vale la pena tomar el tren a Lucerna. Está a una
hora de Zúrich y tiene mucho que ofrecer. Desde el
magnífico puente de madera del siglo XIII que se
quemó parcialmente hace un par de años (hoy
reconstruido con total exactitud) hasta una vista inigualable
desde la colina que domina la ciudad y a la que se accede
por medio de un funicular. Pasear por sus calles medievales,
sentarse en las terrazas junto al lago, curiosear sus pequeñas
boutiques.
El clima es moderado en la meseta, pero frío y con
nieve en invierno en las montañas. Los Alpes causan
muchas variaciones climáticas en todo Suiza. Veranos
tibios con temperaturas bajas en la región alpina
y más altas en la zona noroeste.
No deje de acudir a la más famosa chocolatería
de Suiza, Sprüngli (Paradeplatz), para degustar su
magnífico menú matutino (brunch). De paso,
aproveche para comprar los inevitables chocolates. Son los
mejores del mundo y más baratos que en el aeropuerto.
Los hoteles de Zúrich no son tan buenos como cabría
esperar ni tan baratos como sería de desear.
Hoteles
en Zúrich.