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Vuelos a Venezuela


Vuelos a Venezuela desde donde visitaremos La Gran Sabana. Siete o más días, cualquier tiempo es corto para conocer “la Sabana”, tal como la llaman los locales, sin el “Gran” anticipándose. Como sea, una semana no está mal para exponerse a los encantos de un territorio que suele hechizar a quienes lo visitan, tanto que algunos se quedan y otros pasan el año con la añoranza de un próximo regreso.

Sin perder tiempo, seleccione su plan según sus posibilidades y láncese sin más a disfrutar de uno de los mejores viajes de su vida. Existen varias opciones:

La más usual, la comprende el acostumbrado viaje por tierra con parada obligada en la Piedra de la Virgen, puerta de entrada al Parque Nacional Canaima, sector oriental. Su capacidad de asombro empezará a disminuir de cara a una roca infinita en cuya superficie el agua dibujó la imagen de Cristo. Tome sin temor el agua que baja por la Sierra de la Lema y continúe, con el cuidado que exige una carretera sinuosa en pendiente, hacia el portal donde verá algunos de los parajes más antiguos del planeta.

En el kilómetro 147 deberá seguir por la troncal 10, directo a Santa Elena de Uairén. En Rápidos de Kamoirán, en el kilómetro 170, súrtase de gasolina, aunque todavía le quede en su tanque y bidones. Después, relájese sin preocupaciones en las frías aguas del río. En este poblado podrá dormir en habitación o en carpa y comer ricos platos calientes.

Si hay buen tiempo, a estas alturas del recorrido empieza a despejarse la impresionante panorámica en la que se alinean los tepuyes Traamén, Irú, Yuruaní, Wadaka Piapo, Kukenán y Roraima. En Kamá, en el kilómetro 201, podrá asombrarse con la fuerza del agua. En Quebrada Pacheco o Arapán disfrute del paisaje y haga la caminata, cruzando el río, subiendo la montaña y paseando a campo traviesa para llegar a la poza conocida como la piscina, transparente y tibia si se le compara con sus similares.

En las poblaciones Kawi, Arapán y Suruape se puede acampar cancelando los mil bolívares que exigen casi todos los paradores indígenas, o alquilar una choza para contrarrestar los caprichos del tiempo, pero por algo más de dinero. Hay baños, aunque no siempre están limpios. De nuevo sobre el asfalto, usted cruzará un enorme puente metálico. Voltee a la derecha y quede boquiabierto con la cortina del río Yuruaní. En San Francisco, la población que sigue, hay posadas, comida, teléfono público y artesanía.

La Sabana no le pondrá límites, a menos que la agreda. Más allá del Parque Nacional, en lo que se llama Gran Sabana Sur, transitando carreteras que atraviesan hermosas selvas y un tepuy que, según la leyenda, se abrió en dos tras la pisada del raptor de una princesa indígena, está Peraitepui y su poza Anaconda.

Siguiendo por la carretera llegará a Catedral y sus aguas oscuras, a la gruta de tonos amarillos y a La Vaca, llamada así en recuerdo del bovino que pisó en falso desde lo alto del salto.

Lo que viene después, si no se resiste a los 25 kilómetros que aún no terminan de suavizarse, es El Paují, un verdadero refugio en el mundo. En el centro del pueblo encontrará guías que le mostrarán lo habido y lo por inventar.

La Gran Sabana le pone a su alcance todas las alternativas. Lo más seguro es que, al final del viaje, ya no se asombre de nada de lo que pueda mostrarle la naturaleza y que el próximo año escoja para sus vacaciones el mismo destino: La Sabana.

En el camino que conduce a Santa Elena de Uairén, existen varios atractivos.

Desfile de saltos. Si en el kilómetro 147, en vez de seguir por la troncal 10, que lleva a Santa Elena, cruza a la derecha, vivirá una aventura 4x4 hacia Kavanayén y los saltos aledaños: Aponwao, Torón, Karoai y Hueso. Contando con un rústico, vale la pena adentrarse hacia el Chinak Merú o salto Aponwao, de 105 metros.

Las distancias entre uno y otro salto son insignificantes, pero la vialidad consume las horas sin piedad. Por esta vía encontrará pocos lugares cómodos para hospedarse pero podrá alquilar churuatas a familias indígenas o acampar al más puro estilo selvático.

Salto Kawi. Se lo encontrará en el kilómetro 197. Colabore sin chistar con la numerosa familia Castro y conozca uno de los lugares más paradisíacos y bien cuidados que haya visto en su vida.

Toboganes naturales. Apenas salga de la población Arapán preste atención si no quiere saltarse el acceso a Soroape. En la entrada apenas dice Río, pero vale la pena detenerse y deslizarse en estos toboganes.

Jaspe. Queda un poco antes de Santa Elena. Es la quebrada roja de las postales. Cerca queda Agua Fría, un territorio invadido de pozas, piscinas naturales y altas y medianas caídas de agua.

Vuelos a Venezuela le dá unas recomendaciones para su viaje, tanques full. Incluya en su equipaje dos bidones para llevar gasolina y recargue cada vez que pueda. Después de la troncal 10 no hay estaciones de servicio y en Santa Elena sólo hay dos, con demasiada demanda, porque los brasileños cruzan la frontera para recargar sus tanques.

Vacuna obligada. En Santa Elena, pocos resisten la tentación de saltar a Brasil y, al menos, tomarse una foto, pero las autoridades no permiten el ingreso de nadie que no haya sido vacunado contra la fiebre amarilla y que presente su comprobante. Si puede, vacúnese antes de viajar porque, si no, lo hará un funcionario brasileño.

Repelentes. Los jejenes y puri-puris no son mitos. Compre varios frascos de repelente, lo menos contaminantes posible.

Efectivo. Lleve dinero contante y sonante. En Santa Elena sólo hay un banco con cajero y nada más acepta a sus clientes. Pocos establecimientos aceptan tarjetas.

A cero kilómetros. Coloque su cuentakilómetros en cero cuando llegue al punto cero de la vía, en El Dorado, para que pueda saber cuánto le falta. Esto es muy importante.

Mapas. Los de Roberto Marrero cuentan con mapas ilustrativos y se venden en la mayor parte de establecimientos turísticos.

 

 

 

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