Vuelos a Roma desde donde visitaremos lugares como las termas
de Caracalla. Las termas eran unos lugares donde la sociedad
romana acudía varias veces a la semana para disfrutar
de las propiedades terapeuticas del agua. Allí tomaban
varios baños fríos, templados o calientes tras
haber hecho gimnasia.
En las más grandes llegó a haber incluso hasta
varias bibliotecas donde se podía leer y discutir sobre
temas como la política o la sociedad.
Aunque en Hispania las termas no llegaron a ser tan espectaculares
como las de Caracalla, estuvieron dispersas por toda la geografía.
En el siguiente dibujo se puede ver las de Caracalla. El modelo
de terma imperial quedará establecido en las de Nerón
y Trajano. Las de Caracalla, aunque sólo conservamos
restos de sus muros y algunas bóvedas, nos ofrecen
una perspectiva de su monumentalidad. En realidad fueron iniciadas
por Septimio Severo y finalizadas por Alejandro Severo hacia
el año 240. El edificio de las termas se inscribe en
un recinto cuadrangular y está rodeado de jardines.
El acceso se realiza por un vestíbulo que da paso
a la sala de vestuario y a la palestra, que tiene otro vestuario
en la zona norte. Al sur de la palestra encontramos el baño
y el laconicum o baño turco. Dos nuevos baños
completan la distribución de esta zona. El centro del
edificio está presidido por el frigidarium, piscina
de agua fría, cubierto por enormes bóvedas de
arista sostenidas por columnas adosadas que se coronan con
elegantes entablamentos. A ambos lados se situarían
las salas anejas.
Al sur del frigidarium se ubica el tepidarium, sala con calefacción
de aire caliente bajo el pavimento, y el caldarium, sala circular
dedicada al baño de agua caliente, de vapor y al masaje.
Al norte del frigidarium se halla el natatio, gran piscina.
El esquema del edificio es simétrico, por lo que las
mismas dependencias que nos encontramos en el ala oeste se
repiten en el ala este. De la misma manera, la exedra con
salas anejas que se halla en el recinto que rodea a las termas
en sí se repite en las dos alas. Si es único
el amplio graderío que se establece en el lado sur
del conjunto.
Desde la Antigüedad, el aprovechamiento del agua termal
para curar toda clase de enfermedades y dolencias ha sido
una constante; sin embargo, no fue hasta la civilización
romana, según se desprende de los hallazgos arqueológicos
y monumentos arquitectónicos, cuando se inició
la explotación racional de estos manantiales. En los
albores del tercer milenio, las nuevas tecnologías
de la información contribuyen a divulgar sus efectos
curativos, promoviendo un nuevo concepto del agua como bien
patrimonial.
Pero antes, consideramos importante, una introducción
acerca de la trascendencia y significación que tenían
los baños en los mundos griego y romano. Toda una cultura
del agua al servicio de la salud.
Para el gran Galeno (129-199) tras los pasos del venerable
Hipócrates (469-399 a. de J.C.) no había nada
más purificador que un baño en todos los elementos
de la naturaleza, combinando lo frío y lo caliente;
y con ello, los básicos factores del cosmos: tierra,
agua, aire y fuego. Los masajes y fricciones con jabones,
perfumes, ungüentos y aceites, cada cual en su momento,
complementaban el efecto del agua y ayudaban a conseguir los
efectos previstos.
Los antiguos griegos y romanos, muy amantes de la higiene
y aficionados a los masajes perfumados, acudían a la
isla de Ischia buscando remedio para sus males. El emperador
Augusto (29 a. de J.C.) cambió la isla de Capri, de
la cual era propietario, por esta otra, más grande
y fértil.
Aún hoy, Lacco Ameno, país del perfumista Ursione,
sigue siendo el centro de la balneoterapia volcánica,
contando con once manantiales diferentes de aguas curativas
que poseen distintas propiedades biominerales. Precisamente
esta acción terapéutica de las aguas depende
de su temperatura, presión, composición química,
radioactividad, flora bacteriana y gases disueltos.
Entre los romanos la afición por los baños
superó con creces a la de los griegos, creando infinidad
de termas, las más importantes durante los mandatos
de Nerón y Vespasiano. Además podemos admirar
la grandiosidad de las termas de Caracalla, capaces para 3.000
personas y las de Pompeya.
Las aguas mineromedicinales eran consideradas como una expresión
de poder sobrenatural de los dioses y sus termas, lugares
de culto. Los dos grandes santuarios como Epidauro y Delfos,
además de sanatorios-lugares con propiedades curativas
dadas sus características- eran centros religiosos
donde la curación era una consecuencia de una actitud
de fe y de esperanza, un pacto entre el hombre y la naturaleza.
Fue Grecia quien, con sus teorías filosóficas
y médicas convirtió el hecho primario y universal
de los simples baños en el mar, en el río, lago
o estanque-común en todas las culturas- en una compleja
técnica que requería hasta edificios especiales.
Sin embargo, fue el papel de Roma y de su ingeniería,
quien ofreció a esas instalaciones una versión
más completa y definitiva, y legó con variantes
a todas las culturas que se aproximaron y la sustituyeron,
desde árabes a turcos hasta rusos o finlandeses.
Si a través de la historia descubrimos el significado
del agua, hoy las sociedades modernas que conocen su importancia
y los efectos terapéuticos que ofrece a la Humanidad,
se esmeran en protegerla como un bien patrimonial.
Las Termas de Caracalla volverán a acoger ópera,
para más información pulse
aquí.