Vuelos a Roma desde donde visitaremos lugares como los jardines
del Vaticano considerados como un sitio de esparcimiento.
Hubo un largo período de casi doscientos años
en el cual se les dió poca importancia.
Todo comenzó cuando Gregorio XIII Boncompagni (1572-1585)
inició la construcción del Palacio del Quirinal
en la ciudad de Roma para pasar los veranos, según
diseños de Martino Longhi, el Viejo, pues el clima
era más benigno y salubre que en el Vaticano, pero
en el siglo XVII de residencia estiva pasó a ser permanente
por lo que los sucesivos pontífices convocaron a grandes
arquitectos y artistas para la obra como: Ottaviano Mascherino,
Domenico Fontana, Flaminio Ponzio, Carlo Madreno, Gianlorenzo
Bernini y Ferdinando Fuga.
A los Jardines Vaticanos se accede desde la Plaza San Pedro
por el Arco de las Campanas Con el correr de los siglos, varias
edificaciones fueron ocupando el terreno y el sector parquizado
quedó relegado hacia la parte posterior de la Basílica,
ocultándolo visualmente, por lo cual, para llegar propiamente
a los jardines, es necesario atravesar una serie de espacios
rodeados de construcciones.
Se arriba así a la Plaza de los Protomártires
Romanos, lugar del antiguo emplazamiento del Circo de Cayo
y Nerón, flanqueada por la pared lateral de la Basílica
de San Pedro y el Colegio y el Cementerio Teutónico
, fundados por el emperador Carlomagno. De allí, pasando
debajo de los dos puentes que unen la Basílica con
la Sacristía, aparece la Plaza de Santa Marta, que
toma su nombre de la iglesia que fue demolida para construir
dicha plaza.
Tres importantes edificios miran a esta plaza: el Hospicio
de Santa Marta,antigua casa para peregrinos, actualmente residencia
de sacerdotes, el Palacio de San Carlos, antes hospital y
ahora ocupado por apartamentos y oficinas, y el Palacio del
Tribunal, sede de las oficinas judiciales vaticanas y además
alojamiento de los padres confesores de San Pedro, religiosos
franciscanos conventuales.
Ya entrando en los jardines, la primera construcción
es la de la iglesia de San Esteban de los Abisinios,que es
la más antigua del Vaticano. Se remonta a los tiempos
de San León I (440-461) y en sus orígenes era
una basílica de tres naves de la cual queda solamente
la central. Contiguamente tenía adosada una casa para
albergar a los peregrinos abisinios, pero fue demolida a principios
del siglo XX.
Detrás se encuentra el Taller del Mosaico, fundado
cuatrocientos años atrás para decorar la Basílica,
cuya actividad se intensificó notablemente cuando se
decidió substituir por esta técnica todas las
pinturas del templo que se deterioraban con rapidez. La Escuela
del Mosaico que funciona aquí, también hace
trabajos de restauración y obras por encargo para particulares.
También se realizan en este taller los mosaicos con
los rostros de los pontífices colocados en la Basílica
de San Pablo Extramuros.
Muy cercano a este edificio está la Estación
Ferroviaria. Cuando fué creado el Estado de la Ciudad
del Vaticano en 1929, Pío XI encargó al arquitecto
Giuseppe Momo la construcción de una estación
de ferrocarril. El edificio, efectuado en travertino de sobrias
líneas clásicas, muestra en su extremo derecho
las marcas del sorpresivo bombardeo del 5 de noviembre de
1943. A pesar de que Roma había sido declarada “ciudad
abierta”, cuatro bombas cayeron detrás del ábside
de la Basílica. Produjo varios destrozos, la cúpula
se salvó milagrosamente pero varias esquirlas fueron
a dar contra la estación.
La reja que separa las vías del ferrocarril vaticano
del italiano, ubicada en una enorme puerta custodiada por
dos esfinges egipcias en el muro limítrofe, se abre
una vez al día para dar paso a un pequeño tren
de carga. Sin embargo muy pocas veces los pontífices
utilizaron el ferrocarril, la última vez lo hizo el
papa Juan Pablo II (1878- ) en su viaje a Asís asistiendo
al encuentro ecuménico para rezar por la paz en enero
de 2002 y utilizó un tren cedido por los ferrocarriles
italianos, Ferrovia dello Stato. Dado su poco uso, en el hall
de la estación se ha instalado el Museo Filatélico
y Numismático.
Detrás de la estación aparece la primera de
las innumerables fuentes de los Jardines Vaticanos: la Fuente
de la Concha enmarcada en un jardín “a la italiana”.
Vuelos a Roma le invita a conocer los jardines. En el camino
de la parte posterior del Governatorato, se encuentra el Jardín
Alpino, Steingarten, con una gruta artificial de piedras agrestes
y abundante vegetación que al simularse una vertiente
natural recibió el nombre de Fuente de la Escollera.
El Colegio Etiópico se levanta en medio de un parque
detrás del Steingarten, y comparte junto con el Colegio
Teutónico, el ser los únicos situados dentro
del Vaticano. Forma parte de los edificios construidos por
Giuseppe Momo en 1929. En una de las alas del mismo habitan
las religiosas de la congregación “Virgen Niña”
que prestan servicios a la Santa Sede.
A un lado del Colegio Etiópico se levanta el pequeño
Edificio Marconi, primera sede de la Radio Vaticana inaugurada
en 1931, bajo el pontificado de Pío XI, por Guglielmo
Marconi, el inventor de la radio. Entre el Colegio Etiópico
y el Edificio Marconi se encuentra el Laberinto del jardín
“a la italiana”. En realidad, el jardín
de estilo “a la italiana” ocupa una gran superficie,
abarcando un arco que va desde la Estación Ferroviaria
hasta las murallas de la Ciudad Leonina.
Enmarcando todo este conjunto de construcciones se elevan
dos grandes secciones de la antigua Muralla de la Ciudad Leonina,
construida en 852 por el papa San León IV (847-855)
para proteger a la Basílica de San Pedro, los palacios
pontificios y al barrio circundante, borgo, de los saqueos
de los sarracenos. Las murallas fueron restauradas por Nicolás
V Parentucelli (1447-1455) quien además hizo colocar
torres y almenas.
La muralla de la Ciudad Leonina, en su trayecto hacia el
Norte, se interrumpe por unos metros. En ese espacio se construyó
en 1902 la Gruta de Lourdes. Fué una ofrenda de los
católicos franceses por iniciativa de Mons. Schoepfer,
obispo de Tarbes y es una copia bastante fiel en escala reducida
de la gruta en la que se apareció la Virgen a Santa
Bernardette Soubirous.
El actual altar estuvo durante cien años en Massabielle,
siendo trasladado al Vaticano cuando se efectuaron reformas
en 1958 y donado a Juan XXIII. Originariamente la construcción
incluía además dos rampas que llevaban a una
terraza sobre la gruta y una aguja neogótica de cemento
armado, pretendiendo imitar aquella del santuario de Lourdes
en Francia. Dado que los agregados arquitectónicos
otorgaban una gran pesadez al conjunto y contrastaban duramente
con la agreste gruta, por lo cual, estéticamente hablando,
no convencía mucho, apenas la aguja mostró deterioros,
Pío XI mandó demolerla en 1933 junto con las
rampas quedando solamente la gruta como se ve hoy en día.
Detrás de este sector de las Murallas Leoninas, surgen
las nuevas murallas, que ya tienen cuatrocientos años,
y que desde 1929 constituyen los límites del Estado.
En el extremo Oeste se encuentra el Helipuerto y es el punto
más elevado de la colina vaticana: 78 mts. s.n.m. Continuando
hacia el Noreste se halla el monumento en mármol blanco
a la Virgen de Guadalupe, que representa el momento en que
Juan Diego despliega su tilma ante el obispo de México,
Juan de Zumárraga. Es una obra del escultor A. Ponzelli
que fué obsequiada por los católicos mexicanos
a Pío XII en 1939.
Cerca de allí, otro monumento en bronce, obra del
escultor oriundo de New York, F. Shradi, está dedicado
a la Virgen de Fátima, representándola en actitud
protectora sobre un grupo de personas que están a sus
pies. La fecha en la base: 13 de mayo de 1981, indica el aniversario
de la fiesta, pero también, este monumento es un acto
de acción de gracias, pues ese día el papa Juan
Pablo II sufrió el atentado del que salió milagrosamente
ileso, lo que el mismo pontífice atribuyó a
la intercesión de la Virgen de Fátima.
En el sector más occidental del jardín “a
la inglesa” aparece una estatua de San Pedro Encadenado,
obra realizada en 1887 por la escultora florentina Amalia
Dupré, primera obra de arte en el Vaticano hecha por
una mujer. Su autora, mediante las cadenas que lleva el apóstol
y la expresión de tristeza de su rostro, quiso representar
la cautividad de los papas en el Vaticano después de
1870. Fuéregalado por los escolapios a León
XIII también en 1888.
Estatuas de mármol de estilo clásico, de emperadores
y divinidades paganas, copias de originales helenistas, junto
con otras de santos, ángeles, restos de sarcófagos
romanos, columnas y ánforas, se encuentran diseminadas
por todo este sector. Casi en el extremo Este está
La Cabaña China (26), regalada por los católicos
chinos a Pío XI en 1933. Era uno de los lugares favoritos
de descanso de Juan XXIII. Luego fué reformada quedando
solamente la cubierta.
Hacia el Norte, casi al límite de los muros perimetrales,
están los Almacenes y cerca de ellos hay un fragmento
del Muro de Berlín, donado a Juan Pablo II en agradecimiento
por su aporte espiritual al derrumbamiento de los regímenes
totalitarios comunistas. Una placa a pocos metros reproduce
las proféticas palabras del papa en el discurso inaugural
de su pontificado, el 22 de octubre de 1978: “No tengáis
miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo, a su poder
salvador, abrid las fronteras de los Estados, los sistemas
económicos como también los políticos,
no tengáis miedo”.
En el centro de los edificios de los Almacenes, lugar ocupado
antiguamente por un gallinero, ha quedado como mudo testimonio
de otras épocas, la Torre de Inocencio VIII (28), que
ostenta el escudo de Inocencio VIII Cibo (1484-1492), de allí
que también se la conozca por el nombre de Torre del
Gallinaio.
Más próxima al moderno edificio del Museo Paulino
(N), obra de los hermanos Passarelli, e inaugurado por Paulo
VI Montini (1963-1978) en 1970, se encuentra la Fuente de
la Solterona, Fonte della Zitella (29). Allí había
una plantación de naranjos y ahora quedó como
solitaria esta curiosa escultura ya que tiene un cuello extremadamente
largo y una cabeza que no es la original.
En el confín Sudeste del jardín “a la
inglesa” aparece la Fuente del Águila (30), construida
por orden de Paulo V Borghese (1605-1621), papa que terminó
la Basílica de San Pedro y por eso se lee su nombre
en la fachada de la misma. La obra se debe al flamenco Jan
van Santen, Giovanni Vasanzio (1550-1621), arquitecto de la
familia, que se había hecho famoso por la construcción
del Casino de la Villa Borghese.
Imitando la naturaleza con piedras en estado natural, está
formada por un conjunto de grutas de donde manan innumerables
caídas de agua sobre una reservorio oval. Ornan el
conjunto una sirena y un tritón, un águila posada
en lo alto y, en ambos extremos, flanquean todo el conjunto
dos dragones que arrojan agua por sus fauces. El águila
y el dragón son dos figuras heráldicas de los
Borghese y se encuentran en el escudo pontifical de Paulo
V. Vasanzio, además de realizar otras fuentes, también
recibió el encargo de restaurar el antiguo acueducto
de Trajano que desde el lago Braciano, a 39 km. al Norte de
Roma, proveía de agua al Vaticano.
Desde entonces el acqua Paola, llamada así por el
papa reinante, alimentó pródigamente todas las
fuentes de los jardines.
Hacia el Norte, más allá del jardín
que circunda la Casina, aparece el Jardín Cuadrado.
Creado por iniciativa de Paulo III Farnese (1534-1549), se
llamó por entonces Jardín Secreto dado los altos
muros que lo rodeaban para resguardar los paseos del pontífice.
Siendo quizás el más sobrio de los jardines,
dos sendas lo cruzan en la parte media de cada lado dividiéndolo
en cuatro paños en los que solamente hay césped.
En el centro, en la intersección de las dos sendas,
hay una discreta fuente sin ornamentación alguna. Debajo
de la parte más meridional del Jardín Cuadrado,
se encuentra el Museo de las Carrozas, cuyo largo es igual
al del jardín. La excavación de este museo subterráneo
fue comenzada entre 1963 y 1964 bajo el pontificado de Paulo
VI. El museo fué abierto al público en 1973.
Como fondo del Jardín Cuadrado se levanta un gran
edificio de ladrillos rojos y molduras blancas: la Pinacoteca
Vaticana (P), obra debida al arquitecto Luca Beltrami e inaugurada
por Pío XI en 1930 para albergar la colección
de pinturas de los Museos
Vaticanos.
Así como la Fuente de la Galera está emplazada
fuera del espacio continuo que forman los Jardines Vaticanos,
existen diseminados entre los edificios y palacios del sector
Noreste de la Ciudad del Vaticano una serie de pequeños
jardines que con su toque de verdor enmarcan y equilibran
visualmente la imponencia de las construcciones.
Historia, belleza, arte y fe se entrecruzan en este espacio
dominado por la naturaleza y la sensibilidad y destreza de
la mano del hombre, bajo la sombra de la imponente Basílica.
No puede haber entorno más digno para ornar la tumba