Los Ferrocarriles Suizos tienen una reputación envidiada
en todo el mundo: a pesar de los grandes obstáculos
que presentan su topografía y su clima, la calidad
de los servicios que ofrecen en todo el país no tiene
parangón. Los servicios de líneas principales,
ramales y de autobuses postales están conectados
con la precisión de los relojes por los cuales el
país es famoso.
Los visitantes del Museo Suizo del Transporte que esperen
encontrar la misma atención en los detalles y en
la calidad de la exposición no quedarán decepcionados.
Inaugurado en 1959 y habiendo doblado su tamaño desde
entonces, el museo atrae a medio millón de visitantes
al año. En ver la sección ferroviaria se emplea
más de un día, por lo que aquéllos
interesados en ver más cosas deberán dedicar
al museo más de una jornada, si quieren hacerle justicia.
Todas las reseñas están en alemán,
francés, italiano e inglés, y hay una guía
en inglés de 232 páginas, por lo que el idioma
no es ningún impedimento para entender el significado
de lo que se está viendo. El hecho de contar en las
proximidades con algunos de los itinerarios ferroviarios
más interesantes del país, y también
con los vapores de ruedas del lago, ya es más que
suficiente para justificar el pasar una semana en la histórica
ciudad.
Los primeros ferrocarriles, girando hacia la izquierda,
en el interior de la sección ferroviaria, enseguida
nos encontramos con una maqueta que muestra de una manera
muy descriptiva lo diferente que era Europa cuando empezaron
a inaugurarse los primeros ferrocarriles. La representación
de Basilea muestra el ferrocarril procedente de St. Louis,
en Francia, que entraba en la ciudad amurallada por una
puerta; el primer tren a vapor entró en Basilea el
15 de junio de 1844, haciendo de ella la primera estación
internacional del mundo. Como agradecimiento por el permiso
concedido para entrar en la ciudad, la compañía
ferroviaria tuvo que pagar un centinela que abriera las
puertas antes de la llegada del primer tren, y las cerrara
después del último tren nocturno. Pasaron
tres años antes de que se inaugurara el primer ferrocarril
totalmente suizo, entre Zurich y Baden, como parte del Northern
Railway (NR) a Basilea.
El museo tiene una réplica de la primera máquina
y del primer tren de NR, fabricados en I 947 para la conmemoración
del Centenario. La Limmat 4-2-0 se fabricó en los
talleres Kessler, en Karlsruhe, y fue conducida por Nikolaus
Riggenbach, quien después construyó el famoso
Ferrocarril Rigi. La locomotora original más antigua
que hay en Lucerna es también la locomotora más
antigua que funcionó en Europa: se trata de la Geng
0-4-6T fabricada en 1858 por Kessler, después de
que la fábrica de la compañía se trasladara
a Esslingen. En mayo de ese mismo año, el tren inaugural
circuló en la línea de Hauenstein entre Basilea
y Olten, vía Laufelfingen. En 1869, durante el Congreso
de Gotthard, se realizaron los trabajos preliminares para
la ubicación de la primera línea suiza a través
de los Alpes, lo que Ilevó a la formación
del Ferrocarril de Gotthard.
La construcción de la línea a través
de un túnel de 15 km duró 10 años,
pero antes de la inauguración oficial, en junio de
1882, el correo se transportaba por el túnel con
un par de pequeñas 0-4-OT, pensadas para ser operadas
por un solo maquinista; una de ellas, la N° 11, sobrevivió
como máquina de maniobras en una fundición
hasta 1934, siendo después restaurada y pintada con
el distintivo verde de GR para el museo.
Un coche a escala de cuatro ruedas, de primera clase, da
una idea de lo que debía ser un viaje en GR en los
primeros años de su existencia; el vehículo
tiene una característica peculiar: cuenta con un
corredor abierto que ocupa todo un lateral, pensado para
que los pasajeros puedan desde allí disfrutar por
completo del paisaje de los espectaculares Alpes. Dado que
Suiza cuenta con poco carbón, pero con abundantes
recursos para producir energía hidroeléctrica,
no es de extrañar que este país llegara a
ser el pionero en el desarrollo de la tracción eléctrica,
iniciándola con GR en 1920. En el museo, una maqueta
ferroviaria que representa la aproximación norte
a Gotthard, desde Erstfeld, al túnel de Naxberg,
ofrece una impactante impresión de GR. La enorme
y magnífica maqueta, de escala 00, totalmente señalizada,
sería la ilusión de cualquier chiquillo; en
ella se transmite la importancia que tiene ese itinerario
hoy en día, pues en una semana lleva más tráfico
que durante todo el primer año de su existencia.
En la época en que se electrificó GR, los
ferrocarriles ya escalaban muchas montañas, lo que
hizo de Suiza uno de los destinos más populares para
el turismo eduardiano. Si bien la invención de los
ferrocarriles de cremallera pertenece Estados Unidos, fue
Suiza quien perfeccionó la idea y la utilizó
más. Tras una visita a los Estados Unidos, Nikolaus
Riggenbach creó la primera línea de cremallera
de Vitznau a Rigi, inaugurada en 1873. El museo tiene la
máquina N° 7 del Ferrocarril Rigi, que fue la
primera locomotora que hizo la Fábrica de Locomotoras
Suiza de Winterthur (SLM, según sus siglas en inglés).
El éxito del ferrocarril hizo generar otros proyectos,
como el del Ferrocarril Pilatus (PR), con la pendiente más
pronunciada del mundo, de 500 milésimas por metro.
Eso fue posible gracias al sistema de cremallera Locher,
estudiado con la máquina N° 9 de PR, fabricada
en 1889 por SLM. El coronel Eduard Locher inventó
un sistema de cremallera que iba engranada a cada lado por
medio de ruedas dentadas horizontales, lo que impedía
que las ruedas dentadas se subieran encima de la cremallera.
PR fue el primer ferrocarril suizo que funcionó enteramente
con automotores. Debajo de parte del coche N° 9 puede
verse la gran cisterna de agua para la máquina de
vapor. Una locomotora de cremallera, de una época
posterior; fabricada por Schweizerische Busdesbahn (SBB/Ferrocarriles
Federales Suizos) en el Paso dé Brunig, en 1909,
ha sido seccionada para mostrar sus mecanismos interiores;
cada parte está codificada con un color y unas descripciones
grabadas relatan cómo funciona una máquina
de vapor, y un guía señala las partes descritas,
mientras se oye el sonido de la máquina en funcionamiento.
Más
información del museo de transporte.
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