Situada entre las montañas y el Océnao Atlántico,
lindando con los Estados del Espiritu Santo, de Minas Gerais
y de Sâo Paulo, y con el Distrito Federal, Río
es una de las ciudades más pobladas del planeta:
Sus 7 millones de habitantes son mundialmente conocidos
por su alegría, su gusto por el sol, la playa, el
deporte, el carnaval, el baile, la bebida, y la fiesta.
Los conocidos como "cariocas" disfrutan siempre
del momento, y encandilan a los extranjeros con su desbordante
vitalidad. La superficie de la metrópolis, 1.170
km² , traduce en cifras la inmensidad de una ciudad
que fascina y asombra con sus dimensiones y bullicio a todos
los que la visitan.
Río ofrece múltiples facetas a quienes tratan
de conocerla. No sólo por sus playas - como la de
Copacabana (de 4,5 km de extensión), la de Ipanema
(la considerada más chic), la de Pepino, Barra da
Tijuca o Flamengo -, sus restaurantes de todo tipo, las
tiendas y mercados, y los puestos de antigüedades,
joyas, piedras preciosas o artículos de piel; la
urbe también desborda de ambiente nocturno en sus
muchos locales. Y disfrutar de esta metrópolis desenfrenada
está al alcance de todos los bolsillos.
En Río de Janeiro también está presente
la pobreza: Las "favelas" o barrios marginales
de chabolas, se extienden cubriendo la colina de la ciudad,
recordando a diario con su presencia que en ellas vive más
de un tercio de la población sin derecho ni a educación
ni a sanidad, e inmersos en un clima de constante violencia
dominado por la omnipresencia de las drogas.
La policía corrupta, la creciente delincuencia,
y una pobreza crónica han sumido en la absoluta miseria
a la tercera parte de Río, haciendo así visible
los grandes extremos que se reúnen en esta enorme
ciudad.
La Sierra da Carioca, que forma parte del excepcional Parque
Nacional da Tijuca (los últimos 120 km2 que aún
sobreviven de la selva tropical que antaño rodeaba
la ciudad), divide a Río en una zona norte y una
zona sur. La cima del Corcovado, a 750 m de altura, con
en lo alto la estatua del Cristo redimido, esperfecta para
contemplar la geografía de la ciudad, y vislumbrar
la estremecedora extensión de favelas en las dos
laderas de la montaña.
Otro lugar de obligada visita es el Pão de Azúcar
(Pan de Azúcar), símbolo de la ciudad, y al
que se puede ascender con dos funiculares. En lo alto, a
396 m de altura, se dispone de las mejores y más
bellas vistas de Río y de la Bahía de Guanabara.
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