Vuelos a Bonn desde donde visitaremos Ansbach. Las noches
de noviembre en Ansbach son muy, muy frías.
El antiguo centro de la ciudad, por donde no pueden circular
coches, parece muerto, los negocios cierran y las vendedoras
se escabullen a sus casas. Sólo en la plaza Martín
Lutero se divisa un grupo de temerarios. Hubo una convocatoria
de los Verdes, se trata de política. Una hora más
tarde ya han desaparecido todos en las callejas del barrio
antiguo, pancartas inclusive. En Ansbach se hace mucha política,
aunque no justamente en las veredas.
En el palacio, en donde en otros tiempos se lucía
la corte del Conde de la comarca, se encuentra hoy la sede
de gobierno del departamento. Las oficinas públicas
ocupan hoy hasta el Marstall, lo que fué la caballeriza.
Caballos y jinetes habitaban también en los terrenos
del cuartel ubicado directamente enfrente del centro de
la ciudad. Los cuarteles fueron construidos en 1724, y las
últimas tropas se retiraron en 1994. Los uniformes
cambiaban con el poder dominante y después de la
segunda guerra mundial se instalaron allí los norteamericanos.
Luego cayó el muro y la mayoría se volvió
a los Estados Unidos.
Separado del barrio antiguo solo por una avenida el terreno
era muy tentador. Los gobernantes, sin dudar demasiado,
dieron luz verde: en una mitad se instaló la nueva
Escuela Superior y en la otra se construyó un centro
de compras gigantesco. Desde entonces la gente de Ansbach
puede elegir: paseo de compras en las callejas del barrio
antiguo o shopping brutal en el flamante palacio de cristal.
Ayer fué una ciudad real, hoy es una ciudad de la
burocracia; garantía de una vida tranquila y placentera.
Pero una vez hace mucho tiempo llegó alguien nuevo
a Ansbach y la ciudad pasó a estar en la mira de
todos.
Sólo le quedaban dos años de vida cuando
llegó a la ciudad en 1831. Y hasta el día
de hoy es, como ningún otro, motivo de discusión:
Kaspar Hauser. Sin embargo, su historia podría contarse
en un par de frases. En 1828 aparece en Nuremberg no podía
hablar y apenas caminar. Un adolescente salvaje, que creció
sin ningún apoyo, sin cariño. La gente no
salía de su asombro, se convirtió rápidamente
en una atracción turística.
Pero la pregunta era: ¿De dónde venía?
Un abogado tomó el caso. Resultado: Hauser era hijo
del Gran Duque de Baden, que fue eliminado del camino por
razones de sucesión. El escándalo fue inmenso.
Típico de la nobleza corrupta, afirmaban los unos,
charlatanes y estafadores, decían los otros. El tercero
en desgracia fue Hauser, que el resto de su vida tuvo que
soportar el ansia sensacionalista de la opinión pública.
Pasó de mano en mano, hasta que llegó a lo
del maestro Meyer en Ansbach. En diciembre del año
1833 se produjo el segundo atentado contra su vida, al que
ya no sobrevivió. A partir de allí se intentó
llegar al fondo del caso con la típica minuciosidad
alemana: psicólogos, juristas, historiadores, médicos
y pedagogos se dedicaron a analizar la vida de Kaspar Hauser.
Desde ese entonces existen complejos, síndromes y
experimentos de Kaspar Hauser. Incontables publicaciones
científicas colocan el caso periódicamente
en el centro de la opinión pública. Sobre
él se han filmado también dos películas
que nos muestran cuánto vive en cada uno de nosotros,
Kaspar Hauser.
En realidad el caso debería considerarse como resuelto
desde el año 1996, en el que se hizo un análisis
del DNA de sus calzoncillos bañados en sangre. Los
genes no mostraron huellas de procedencia noble. Pero nadie
se resigna a olvidar la extraña historia de este
adolescente misterioso. Tanto es así, que en el museo
del Conde de Ansbach, Kasper Hauser ocupa tres salas. Desde
el famoso calzoncillo hasta sus utensilios personales, está
todo preparado para calmar como antaño la gula sensacionalista
de los curiosos
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