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Vuelos a Berlin


Vuelos a Berlín te descubre la ciudad conservadora de Alemania. Ese espíritu ecléctico se hace realidad en sus mercadillos donde se compra y se vende de todo, hasta lo más estrafalario.

Maletas, grifos rotos o ropa de última moda. Todo está en venta en Berlín, una ciudad viva, en perpetuo estado de cambio. El este y el oeste mantienen sus diferencias. Nada mejor que un paseo por sus mercadillos para comprobarlo.

Berlín es una isla liberal en el océano conservador de Alemania y hace gala de su desinhibición con este tipo de gestos. Por unas semanas, los alemanes cambiaron el blanco de la palidez extrema por una piel roja digna de un veraniego viaje a Mallorca.

A este lado de la ciudad las calles todavía conservan los nombres comunistas. La avenida Karl Marx, una de las más largas, conduce a la Alexanderplaz, más conocida como Alex, el centro del Este, la cara moderna que el Gobierno vendía a Occidente con sus grandes hoteles (el Forum Hotel, donde se hospedaban los dirigentes de la "nomenklatura") y su Galerías Kauhof (una especie de Corte Inglés estatal)

Los oficinistas, las amas de casa con la compra, los turistas, los punks con sus perros enormes (muy bien educados y bastante más limpios que sus dueños), el vendedor de perritos calientes y de helados fríos..., todos ellos pueblan esta plaza o pasan por su estación, la más importante de Berlín junto a Zoo, que es la del Oeste.

Comprar lo absurdo, nadie le lava la cara a Berlín. Es una ciudad que vive la estética del reciclaje con orgullo de trapero posmoderno. Son dos ciudades: la capital de la nueva Alemania, con su cúpula de Forster (muy limpia) y toda la horda de funcionarios provenientes de Bonn; y la que inventan sus habitantes desde lo cotidiano. Ésa es múltiple, reciclada y se alimenta de cerveza alemana y "donner kebab" turco.

Uno de los mercadillos más importantes de la ciudad es el que alberga este barrio bajo unas naves gigantescas que en otro tiempo fueron fábrica. Todo, absolutamente todo lo absurdo, lo útil, lo inútil, lo superfluo y lo fundamental se encuentran en Treptow.

Funciona por zonas. De repente el área de enchufes y cosas electrónicas: con cientos de puestos. De repente el área de chaquetas de cuero. De repente el área de grifos o de repente el de muñecas de segunda mano. Y, de repente, (es un decir) la mayoría de enchufes o de grifos están rotos. ¿Quién es el descabellado individuo que compra un grifo roto? Es uno de los grandes misterios, aunque puede que sirva como desguace.

Entre los objetos rotos también se pueden encontrar antigüedades realmente bellas a muy bajo precio, o simplemente cachivaches estúpidos que nos agradan. Yo me compré, tras un buen rato de regateo, un molinillo de café por ocho marcos. Está viejo y un poco torcido, pero tiene algo de ese sabor viejo que lo convierte en indispensable. Aún no sé si funciona, pero la verdad es que me interesa más bien poco.

También el Friedrichshain, situado en los aledaños de uno de los edificios de las Galerías Kauhoff, teléfonos rotos y maletas. Las maletas viejas, grandes, con olor a guerra, se convierten en expositores improvisados en este mercadillo y en el anterior. Los alemanes deben ser el pueblo con más maletas del mundo. O es que se han desprendido de todas.

Mitte tiene otro carácter muy distinto. La Arkonaplatz se transforma los domingos en un hormiguero de modernidad, aquí se exhibe lo que de urbanita y "fashion" tiene Berlín. Los discos de vinilo y los Cds conviven entre gramófonos, puestos de sombreros (expuestos en maletas, cómo no) y productos recién llegados de la India.

Cualquier tipo de música, casi siempre de segunda mano, puede encontrarse en estos cajones donde el viajero rebusca y carga la mochila por muy pocos marcos. Y detrás de los puestos, alemanes nómadas, gitanos húngaros, artistas conceptuales o comunas hippies que comparten negocio, niños y perros.

En la misma calle del Museo Pérgamo (uno de los museos arqueológicos más importantes del mundo) se vende a pedazos el legado comunista de la RDA. Los trocitos de muro (quién sabe si no) y las gorras militares con la hoz y el martillo se han convertido en un fetiche deseado por los mismos turistas que compran un póster de Rosa Luxemburgo después de leer el último capítulo de su guía de viajes.

Con una mirada rápida parece que tantos años de ocupación sólo dejaron un rastro de muñequitas rusas en el mercadillo del museo. Moscú no queda tan lejos.

Tiergarten, sin embargo, tiene un carácter más popular. Ocupa varias calles y los alemanes compran allí todo tipo de baratijas y joyas (buenas y malas) que alguien empeñó, ropa, muebles, pájaros... De todos, es el que más se asemeja al Rastro madrileño.

Prácticamente todos los barrios en Berlín tienen su mercadillo al aire libre. En mayo y junio, las mejores fechas para visitar la ciudad, un sol que no quema ilumina esa estética vieja, de estación de trenes destartalada y graffiti añejo. Todos buscamos la gran ganga.

 

 

 

 

 

 

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