Vuelos a Bélgica donde realizaremos un ruta muy dulce,
la ruta del chocolate.
¿Conoces la gastronomía de Bélgica?
¿Has oído alguna vez hablar del waterzooi, las
carbonadas o el tomate-crevettes? Aparte de la cerveza, los
mejillones y las patatas fritas, aún quedan muchas
delicias por descubrir. Y en ellas se incluye un elemento
más que conocido -y apreciado- tan arraigado a la identidad
belga, que se ha convertido en uno de los clásicos
«souvenirs». Pero no por ello la calidad ha decaído,
sino todo lo contrario. Resumamos la historia del chocolate.
En el S. VI los mayas elaboraban una bebida tonificante
con los granos del cacao, el xocoatl. Tras la caída
del imperio maya, los aztecas utilizaban las semillas del
cacao como unidad monetaria, extendida a toda América
Central. Moctezuma presentó una bebida amarga, el chocolate,
a Hernán Cortés, quien trajo los granos de cacao
a España, donde se incorporó azúcar y
posteriormente vainilla a la receta precolombina.
1606: el chocolate entra en Flandes con la Corte española.
En 1671: nace el praliné gracias al fortuito descuido
del cocinero del Duque de Plessis-Preslin, que derramó
azúcar derretido sobre almendras molidas. En 1926:
en Bélgica surge la idea de cubrir el praliné
con chocolate. ¿Qué factores permiten que Bélgica
sea el país del chocolate por excelencia?.
Aunque se pudiera pensar lo contrario, no fueron las colonias
africanas quienes influyeron en la tradición chocolatera,
aunque sí contribuyeron al desarrollo de esta industria.
Bélgica destaca por su variedad y creatividad en la
elaboración del chocolate.
El indiscutible«praline», llamado bombón
en España, pequeña cápsula de chocolate
rellena de praliné, cremas de frutas, licor o mazapán.
La utilización de materias de primerísima
calidad. La relación calidad/precio. La extensión
del producto por todas las ciudades. Los cuidados escaparates
de las tiendas de chocolate forman ya parte del panorama
de las ciudades flamencas.
La presentación de los «ballotins»
o cajas de chocolates con sus bellos lazos se han convertido
en el tradicional recuerdo de Flandes, ya que en ellos se
reflejan su elaborada gastronomía, la pasión
por el detalle y la dulzura del ambiente que se respira
en las calles. Una original idea para visitar Bélgica es dejarse
llevar por el chocolate. En Bruselas descubrimos la archiconocida
Godiva, que experimenta continuamente con nuevas texturas
y composiciones, así como pequeños talleres
artesanos : Planète Chocolat, con demostraciones
diarias, y la selecta Wittamer.
En Amberes encontramos Burie o Del Rey, en Brujas, Suckerbuyck,
en Lovaina, Raets Putsys, o en Gante, Van Hecke. Muchos
de estos talleres pueden ser visitados, y los dueños
de las chocolaterías no tendrán reparo en
explicar el apasionante periplo del chocolate hasta su llegada
a Bélgica. Los comercios mencionados son sólo
un ejemplo: las calles albergan muchos más.
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