Vuelos a Atenas. donde descubriremos sus comienzos.
La ciudad ya existía en la época creto-micénica,
aunque no tenía ni la cantidad de habitantes ni el
poderío económico y militar que lució
en el siglo V a.C. Era una ciudad más de la región
Ática.
En el siglo XIV a.C. fue fortificada.
A mediados del siglo IX a.C. la ciudad se anexó
los territorios circundantes, entre ellos el puerto de El
Pireo.
Desde el siglo VIII a.C. la zona se hallaba consagrada
a Atenea.
En el comienzo el gobierno era ejercido por un monarca,
pero Atenas cambió ese sistema por una aristocracia
en la que el Consejo de Ancianos (Areópago) gobernaba
designando tres magistrados (arcanos), quienes por un lapso
de un año se hacían cargo de la conducción
de la ciudad.
Dificultades políticas y económicas llevaron
al poder al reformador Solón (594 a.C.). Según
sus nuevas disposiciones, la ciudad contaba ahora con un
Consejo, una Asamblea Popular y Tribunales de Justicia.
Solón además reimpulsó el comercio.
En el año 560 a.C. tomó el poder el tirano
Pisístrato. Durante su gobierno y el de sus hijos,
que se prolongó hasta el año 510, se construyeron
muchas obras públicas y se organizaron los juegos
panatenáicos, que tenían lugar cada cuatro
años.
La democracia se impuso recién en el año
509, con la revolución de Clístenes, quien
derrocó la tiranía de Hipías. La Asamblea
Popular, de la que participaban todos los ciudadanos, pasó
a ser el órgano de mayor poder.
En la batalla de Maratón (490 a.C.), al norte de
Atenas, los atenienses vencieron a las tropas persas que
desembarcaron allí contando sólo con la ayuda
de unos soldados llegados desde Platea. Los espartanos,
a los que les pidieron auxilio sobre la hora, prometieron
acudir pero por motivos religiosos no lo podían hacer
sino después de seis días.
La Acrópolis fue destruida por las tropas de Jerjes
y reconstruida durante el gobierno de Pericles para mostrar
el nivel artístico y cultural de la ciudad.
Luego de su derrota, los persas prepararon una nueva expedición
que no pudiese fallar. El rey Jerjes reunió en Sardes,
en la primavera del 480 a.C., un ejército como jamás
se había visto otro. Paralelamente envió sus
embajadores solicitando la rendición de las ciudades
griegas. Muchas accedieron; Esparta y Atenas no.
Luego de la invasión persa del año 480 a.C.,
el político Temístocles, quien venció
a los persas en Salamina, construyó las murallas
de defensa que rodeaban a Atenas y El Pireo, y unían
a la ciudad con el puerto. Esta tarea fue continuada por
Pericles.
Pericles le dio a la ciudad su explendor. Construyó
el Partenón, el templo de Niké y el Erecteion,
entre otros monumentos. En su mercado se podían adquirir
productos de las más variadas procedencias.
La liga de Delos, formada en el año 477 a.C. para
prevenir una nueva invasión persa, tenía a
Atenas como capital. Los fondos aportados por las ciudades
que componían la liga aumentaron el poderío
ateniense.
Pericles tenía un trato especial con los hombres
de la cultura y favorecía la llegada a Atenas de
filósofos y poetas. Durante su gobierno se representaban
importantes tragedias y comedias en el teatro de Dionisio,
tras la Acrópolis.
En tiempos de Pericles se calcula que la ciudad tenía
unos 200.000 habitantes de los que sólo 50.000 eran
ciudadanos y tenían derechos políticos (los
varones nativos adultos).
Atenas se enfrentó con Esparta en la Guerra del
Peloponeso (431-404 a.C.) y fue derrotada.
En el año 338 a.C. la ciudad cayó bajo el
poder de Macedonia, aunque no dejó por ello de tener
una vida cultural importantísima.
En el año 146 a.C. los romanos tomaron Atenas. Éstos
saquearon la ciudad y destruyeron muchos monumentos en el
año 86 a.C.
Hasta la caída del Imperio Romano de Occidente mantuvo
su prestigio como centro de enseñanza al que acudían
jóvenes tanto de Grecia como de Roma.
En el año 529, habiendo caído ya el Imperio
de Occidente, el emperador Justiniano de Bizancio, buscando
favorecer el desarrollo del pensamiento cristiano en detrimento
del pagano, ordenó cerrar las escuelas filosóficas
de Atenas.
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