Vuelos a Alemania. Wiesbaden es la ciudad de los baños
termales ha sido siempre el lugar indicado para los asuntos
del dinero y la fama. En su suntuoso casino se han dado
cita desde R. Wagner hasta Dostojewski. Wiesbaden es la
ciudad de los millonarios desde que en 1907 nobles rusos
se asentaron en la ciudad, antes de la Revolución
de Octubre. A esto se debe la construcción de mansiones
que hasta ahora imprimen señorío a barrios
enteros.
Desde comienzos del siglo XVIII, Wiesbaden es considerada
una importante ciudad balnearia aunque ya en los primeros
siglos del Cristianismo, los historiadores romanos mencionaban
las cálidas fuentes y las primeras cifras de las
casas termales se remontan al año 1370.
Los lugareños adoran la elegancia del ambiente y las
curas termales al mejor estilo del siglo XIX, y éstas
seducen a los huéspedes. Las anchas calles, las amplias
plazas, las elegantes casas y la exuberancia de los parques
transportan al visitante a otras épocas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Wiesbaden no sólo
se convirtió en el centro estadístico de Alemania;
la Oficina Federal de lo Criminal (BKA) y diversos consorcios
empresariales se establecieron asimismo en la estación
termal.
La riqueza y la arquitectura contribuyen a que la ciudad
se convierta en un lugar ideal para hacer negocios. En la
actualidad, para muchas empresas de seguros y consultoras,
tener la sede central en Wiesbaden es una cuestión
de prestigio indiscutible. La ciudad cuenta con un tipo
de infraestructura que es la que los adinerados desean para
vivir.
Aquí los ricos viven en mansiones señoriales,
alternan con personas que tienen sus mismos intereses y,
además, tienen la posibilidad de gastar el dinero
a su antojo en tiendas elegantes. No es de extrañarse
por qué muchos banqueros de la cercana Fráncfort,
también han optado por tener su domicilio en la ciudad.
Los alquileres, la ropa o un bocadillo en un café
ponen en evidencia que Wiesbaden es más cara. Aquí
todo cuesta más que en otras partes. No es que el
dinero esté por la calle, pero su presencia está
por todas partes. Las calles, más que limpias, están
impecables. Las casas representativas, construidas en el
siglo XIX, han sido cuidadosamente restauradas y sus alquileres
son altos.
En las tiendas casi sólo se venden marcas exclusivas,
a precios inasequibles. Pero si no se quieren pagar esos
precios exorbitantes se puede ir a Fráncfort, que
se encuentra a 30 kilómetros. Dicen las malas lenguas
que los habitantes de Wiesbaden, se ven como salidos de
una pasarela o de una revista de modas, con su peinado impecable,
un maquillaje perfecto y lo más fino en ropa, joyas
y calzado. Los forasteros que deambulan por el casco viejo
de la ciudad se sienten como si los estudiaran. ¿Son,
o no, de los nuestros? Esa es la cuestión.
Quienes beben vino se ven bien, son inteligentes, sexys y
sanos. Y quien quiera afianzar en su persona estas cualidades
encontrará en Wiesbaden el lugar adecuado. Wiesbaden
está situada en Rheingau, una de las mejores zonas
de cultivo vinícola de Alemania. Uno puede, previa
inscripción, asistir a una cata de vino en una bodega,
o de forma más espontánea, por medio de la
“Straußenwirtschaft“ de paso por los viñedos.
Este modo de degustar vino tiene una larga tradición
en Alemania.
En el año 800 el emperador Carlomagno autorizó
por real decreto, que los vinicultores ofrecieran al público
una parte del vino en cada vendimia. El decreto sigue aún
vigente. Una escoba hecha de ramas que se coloca a la entrada
de la casa de cada viñedo es la señal que
indica que todo está listo para la “Straußenwirtschaft“.
La casa abre sus puertas al público ofreciendo
vino de producción propia y comidas simples, que
en la mayoría de los casos preparan las mismas familias.
Gotas exquisitas a precios humanos –si después
uno se ve mejor y es más inteligente, puede comprobarlo
en Wiesbaden.
|